Pequeñas ventajas de las grandes pérdidas

 (¿o grandes ventajas?)

 

Gracias a la destrucción económica del país, en mi amado y pueblerino Soto tenemos dos pollerías nuevas que venden pollos de los DE VERAS, no “importados” de frigoríficos de andá a saber dónde y ni idea de cómo los crían para que no tengan gusto a nada. También hay huevos de esos con yema naranja, de los de antes!

Además tenemos ofertas de verduras CASERAS de temporada (ahora, zapallitos, calabacines, zapallo negro, choclos…), sin agrotóxicos, con gusanitos propios, tamaños irregulares, olor a verdura verdadera. Y quesos de granjas cercanas y chicas.

Los pollos son criados en un tradicional gallinero de tierra, del otro lado del río. Caminan, comen bichitos y semillas varias, maíz...

No sólo que las articulaciones crujen al despostarlos, sino que los venden con sus menudos correspondientes, y también venden menudos sueltos. Y estos menudos saben a menudos  verdaderos, es decir, el hígado a hígado, el corazón a corazón, la panza que cruje al morderla, el cogote con su secreto de médula fuerte… tal como los pollos del gallinero de mi abuelo o el de mi casa de infancia.

 

“Volver a la naturaleza/ sería su mayor riqueza”, dice una ya vieja canción.

La gente condenada a sobrevivir en ciudades no tiene mucha idea de lo que es la vida verdadera y lo naturalmente sano.

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