RELIGIONES y REPRESIÓN

Hay quienes me tratan de “irrespetuosa” por criticar ciertas bases religiosas que se supone se deberían “respetar”. Suelo preguntarles si debíamos respetar aún esas creencias que sacrificaban vírgenes o sacaban corazones de jóvenes vivos para satisfacer a sus dioses, o que nos quemaban por “brujas”.


Todos nuestros militares, incluyendo a los golpistas, a los Menéndez, Videla, Massera (etc. etc.) son y han sido cristianos católicos. El propio Von Wernicke (sacerdote que presenció el secuestro y tortura de les pibis de “La Noche de los Lápices”, entre otras) se comparó en su alegato final, al ser sentenciado, con Jesús y su misión de “salvar almas”. También eran/son cristianes Franco, Pinochet, Thatcher, Obama, Truman (y sus bombas sobre Hiroshima y Nagasaki) … y podríamos seguir “ad infinitum”. Netanyahu no es cristiano porque creen que Jesús fue sólo un profeta y no el mesías que aún esperan, pero adscribe al tema de la culpa, el castigo y el infierno que el imperialismo hebreo inventó hace como cuatro mil años (la Torá es el mismo Antiguo Testamento cristiano).

Las religiones cristianas creen a rajatablas en la culpa y el castigo correspondiente a esa culpa. Creen en el “Cielo” y el “Infierno” (donde les “culpables” arderíamos por toda la eternidad) además de un “Purgatorio” (si sos menos culpable y no tenés pecados “mortales”). Se han ido aggiornando a los tiempos, sin dudas, pero la base bíblica sigue indemne.

 

Nuestres torturadores creían de veras que estaban “salvando almas del demonio rojo” (identificado con las izquierdas en general, que suelen ser bastante ateas o agnósticas, por cierto, como suelen serlo las personas que piensan antes de creer), es decir, no se pensaban torturadores y asesines sino herramientas de “salvación” para almitas perdidas, por eso robaban los bebés (si no los mataban) para criarlos en hogares “sanos”.

Sus defensores de hoy creen firmemente que ese “peligro rojo”, demoníaco, sigue presente y debe ser eliminado, exterminado.

Es su CREENCIA de base, que no están dispuestos a revisar racionalmente (o tal vez no les da la capacidad racional, no sé).

 

En general, al nacer en esta cultura occidental y cristiana, nos bautizan para “lavarnos la culpa originaria”, el pecado de Adán y Eva de probar del fruto de “el Árbol del Bien y del Mal” (es decir, lo moral, nada que ver con el sexo, si vamos a la Biblia).

A mis 3 añitos ya tenía que rezar el “Yo pecador”, golpeándome el pecho, antes de dormir (unos pecados bárbaros a esa edad, imaginen).

Me enseñaron que las “chicas buenas” no sienten “ciertas cosas” (acá sí el tema era el sexo y la famosa manzana, que aparece recién después de que el Papa Borgia decide que los hijos de curas eran “bastardos” sin derecho a herencia porque la Iglesia quería quedarse con esos dinerillos: y más tarde, cuando les bastardes tuvieron legalmente derecho a heredar, les prohíben a los curas las relaciones sexuales --es bueno estudiar un poco de historia--).

 

Se aferran a sus creencias y las quieren universalizar a sangre y fuego, creyéndose redentores.

Reivindican su “Dios, Patria y Hogar”.

No reconocen que a lo largo de la historia humana hubo, hay y habrá miles de ideas diferentes sobre dioses, y que existimos quienes no creemos en ningún dios (incluyendo ese porcentaje mayoritario de personas budistas).

No ven que las Patrias van cambiando sus banderas, sus límites geográficos e ideológicos, sus identidades, sus memorias.

No aceptan, ni se enteran siquiera (porque no aceptan las Ciencias Sociales), que no hay “un” Hogar, sino muchos modelos de hogares (como los ensamblados, por ejemplo).

Odian todo lo diferente porque, en el fondo, le tienen miedo a los cambios y las diferencias, o tal vez porque algo, alguito, en su interior les dice que lo que sostienen es falso, además de jodido. O porque no están dispuestos a perder el poder que dan las hegemonías.

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