Como yuyos odiados en jardín

 Advertencia sensata para el candidato chileno Kast

Cada día se evidencia más  claramente el abismo ideológico existente, ese abismo que ya existía antes de 1810 (y que no por nada le llaman "la grieta" justo cuando surge una mujer dirigente en esta cultura machista), ese insondable que pone de un lado al "mundo" del capitalismo internacional, sobrevaluado, donde la creencia de base es que hay una clase de personas DESTINADAS a la pobreza, el servilismo y hasta la esclavitud, y del otro nos deja a les que creemos que TODO ser humano tiene la misma dignidad y debería tener derecho a las mismas oportunidades.

Lucha de Clases se la llama, desde hace bastante más de un siglo, pero quienes afirman que "no hay ideología" la siguen escondiendo.

Y esa diferencia de base no admite el "consenso tolerante" que se reclama desde los spots publicitarios, porque se origina en ideas muy diferentes sobre la cualidad de ser PERSONA y sujeto de derecho. Tampoco admite "acuerdos", ni "tolerancia", en varios aspectos importantes. Por ejemplo: ¿cómo podría yo acordar con un De Ángelis que quiere legislar el trabajo infantil porque necesita que les niñes le cosechen SU algodón en vez de ir a la escuela? ¿o con la población esclavizada en los talleres textiles de Awada? ¿cómo podría "tolerarlo"?.

Las diferencias ideológicas de base tan profunda no se pueden eliminar con publicidad ni con discursos.

Lo que también queda claro es que quienes estamos del lado de "les todes" casi no odiamos ni injuriamos (siempre hay alguna excepción, claro), y que de veras queremos incluir, mientras del otro lado no sólo hay injurias, insultos, amenazas y agresiones a granel (las hemos visto en la cartelería de sus manifestantes,  y las vemos en las reiteradas represiones y en varios discursos), también  hay ODIO, un odio profundo,  porque no soportan perder privilegios ni se bancan la competencia leal en los espacios sociales, por parte de quienes venimos "de abajo" y nos hemos capacitado (por eso alguna vez nos llamaron "subversivos").

Tienen odio por miedo a no ser capaces ni merecedores reales. En alguna parte profunda saben que elles y sus hijes no pueden competir con quienes venimos de la base, que hemos sobrevivido por méritos propios y por ser luchadores legítimos en esto de la vida, y no por prebendas y privilegios económicos y/o de "cuna".

Como los yuyos silvestres y naturales, siempre volvemos, aunque nos fumiguen y nos arranquen de mala manera. Y las delicadas plantitas civilizadas de jardín no podrán nunca competir leal y honestamente con nosotres, no tienen las fuerzas propias necesarias, y todos los herbicidas (ejércitos y policías), a la corta o a la larga, contaminan y envenenan los suelos. Son leyes biológicas, son leyes vitales. Volveremos siempre.

 

Si pudieran portarse como seres humanos racionales y evolucionados, advertirían que la mejor solución pa todes es la convivencia en igualdad de derechos y posibilidades.

Nosotres, los yuyos, no odiamos. Sólo amamos la vida.

Si nos dan el espacio, hasta disfrutamos amablemente de las delicadas y frágiles flores que producen. Pero cuando se trata de sobrevivir, la naturaleza está con nosotres.

Volveremos siempre.

 

 (Marzo 2016)

 

Mariasilvia Paschetta

 

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