De palomas, proteínas y alimento
Cuando yo era chica (hace
mil años) mi viejo, criado muy “a campo”, nos contaba que en épocas duras su
mamá los mandaba a cazar “pajaritos” para la polenta, que esos pajaritos eran
las palomas, y que era muy rica la “polenta con pajaritos” de su mamá, que él
aún extrañaba.
Hace unos cuantos años, poco
después de los ’90, un Ministro cordobés sugirió, dada la superpoblación de
palomas, que se las cazara, se las hiciera escabeche, y se repartiera
gratuitamente a la población hambreada. Le costó el ridículo y el puesto,
porque no era “políticamente correcto” y porque gente ignorante y prejuiciosa
siempre la hubo, incluso entre gobernantes votados por mayorías (como De la
Sota en Córdoba).
En esa misma época, vi
unos chicos a la salida de la escuela cazando palomas con su hondera y, por
suerte antes de retarlos, les pregunté para qué. Me dijeron “pa comer, pa qué
va sé”.
En el Siglo XIX la paloma
era plaga en California, como lo es ahora en Córdoba y otras ciudades y pueblos
nuestros, como en Soto, donde son insoportables (no sé si será así en la CABA y
demás), pero para el 1900 estaban extinguidas. ¿Qué pasó? Pasó, entre otras
cosas, que hubo una gran inmigración a California, y que la paloma, además de
ser muy rica en proteínas, era considerada una delicia (como ahora por ciertos “gourmets”
en Europa). Encima era gratis. Y entonces se las comieron!
Bien
visto, se
trata de un manjar, ya que el pichón de paloma es tierno y más sabroso que muchas carnes de aves de corral que se consumen habitualmente.
Históricamente, estas aves fueron capturadas y domesticadas por su carne, una fuente de proteína barata y fácilmente disponible.
El
doctor Alberto Cormillot sugirió incluir paloma en la dieta de les niñes más desfavorecidos, para aumentar la ingesta de proteína animal, necesaria para un adecuado desarrollo.
Es importante revisar
creencias y tabúes.
En estos días estamos
pasando una de las épocas más difíciles de nuestra historia, con el
hambreamiento sistemático y planificado de más de la mitad de nuestra
población, en la que se incluye cerca del 70% de les niñes. Nuestra carne se
exporta sin limitaciónes estatales (lo que iguala el precio local al internacional)
y el consumo interno es la mitad de lo que era hace cuatro meses porque no se la
puede pagar.
Y ahí están las palomas, al
alcance de cualquiera, gratis, invadiendo cuanto rincón encuentran, comiéndose
todo, ensuciando, depredando…
Convertirlas en alimento no
es difícil. Se las despluma y limpia igual que a un pollo y se las prepara
igual.
¿Qué tal si recuperamos
el antiguo entrenamiento del tiro de hondera y además de contribuir al
equilibrio ecológico disminuyendo el exceso de población de palomas proveemos
de proteínas baratas, alcanzables y saludables a niñes, viejes y todes en
general?
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