Preguntas difíciles y muy conflictivas (o sea, JODIDAS)
La ciencia avanza.
Ya se han desarrollado
virus genéticamente modificados para actuar en el organismo como “Caballos de
Troya”, atacando específicamente diferentes enfermedades (como cánceres,
Parkinson y otras), inoculando en la persona elementos artificiales capaces de eliminar
a los agentes enfermantes.
Están aún en estudio pero
ya con aplicaciones concretas.
Es claro que salvan vidas
(en un mundo, digamos de paso, ya bastante superpoblado), pero NO fortalecen a
la especie, sino que la debilitan, haciendo que se dependa cada vez más de la
tecnología y la química.
No se trabaja sobre la
prevención, como por ejemplo una vida más saludable, más natural, con
alimentaciones más sanas y sin contaminaciones tremendas.
No se trabaja con investigaciones
sistemáticas sobre las bases emocionales de esas enfermedades. Si bien toda
enfermedad es multifactorial, tanto los cánceres como el Parkinson, entre
muchas otras, tienen un componente básico directamente relacionado con lo emocional
y las creencias culturales, y NO con lo
genético, pero las evidencias de esto no parecen importarle a “la ciencia”.
Yo me hago dos preguntas
muy incómodas, y sólo tengo dudas sin respuestas:
1.
¿Es positivo y
deseable, como sociedad, debilitar toda la especie para depender cada vez más
de lo químico y tecnológico artificial?
2.
¿Quiénes van
a tener acceso a esas tecnologías y aplicaciones químicas? ¿todes? ¿o sólo
quienes puedan pagarlas? Esto último sería, indudablemente, una nueva
discriminación clasista que profundizaría la ya existente vulneración de bastante
más de la mitad de la población mundial, la que vive sin derechos básicos, no
sólo a vivienda y trabajo dignos sino hasta una alimentación de mínima, ni hablemos
de la salud.
Son preguntas nada “correctas”
políticamente y muy molestas (todo lo que se relaciona con lo “moral” cultural
suele serlo).
A mí me parece que son
preguntas necesarias.
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