Desertificación cordobesista
La desertificación de Córdoba por desmonte e incendios tiene resultados visibles.
En mi patio, pese
al riego (por goteo, y escaso por las restricciones), este año sólo un pequeño triste
racimo en mis dos parras, ni un solo higo, nada de ciruelas ni duraznos, apenas
dos granadas empezando a madurar, las mandarinitas minúsculas amarilleando y cayendo
del árbol (las pongo al sol hasta que se colorean bien), la menta entrerriana,
si es que ha sobrevivido, estará refugiada bajo tierra.
Las dos viejas plantas
de tuna, en cambio, siguen desaforadas dando higos, que además están más ricos
que nunca. El limonero está abigarrado de limoncitos nuevos. Mis cactus y pitas
tienen flores e hijos y se yerguen hacia el sol. Las muy adaptables azulinas la
vienen peleando lindo y están sobreviviendo, con menos flores más avioletadas. La
mal llamada “lagaña de perro” (yo la llamo “farolito chino”, por sus delicadas flores
premiadas en Japón) se ha puesto inmensa, y, tal vez sin saberlo, protege al pequeño
helecho refugiado en su sombra. El tala ha tupido más su sombra y sus espinas
son más grandes. Los algarrobos y los dos quebrachos emanan una poderosa energía.
Crecí en un
desierto parecido, en la orilla patagónica, cuando Las Grutas era un espacio
limpio, desconocido para el mundo, sin casas, y cansinamente solitario y calmo
en los inviernos.
Acá en Soto
tenemos río, lo que suaviza un poco lo salitre, pero al “Oasis del Noroeste
cordobés” le está costando seguir siendo un oasis, cercado como está por el desmonte,
el de acá y el de toda Sudamérica.
Mientras, el
Gobernador de Córdoba, uno de los dos que hace más de 25 años (por turnos,
hasta que el exceso de velocidad y de confianza se llevó a uno) sostuvieron y sostienen
la política de desmonte (soja e inmobiliaria de por medio), el Gobernador, digo,
ese sobreviviente, hace campaña para que sigamos siendo neoliberales menemisto/macristas,
y no hace nada para parar los incendios o la deforestación ilegal, que siguen
persistentes pese a la resistencia popular. No por nada les decimos “Dela Soja
y Schoretti”, con ese humor cordobés que ayuda a sostenerse.
Y así estamos,
recordando o aprendiendo cómo es la vida, cómo puede ser, en un clima desértico
donde los vientos hacen lo suyo y barren todo lo que no esté muy bien sostenido
y enraizado.
No sé si mis nietes podrán vivirlo llegando a tener mi edad, no sé si hay tiempo…
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