Intersticios del saber
Estaba pensando un poco en esta manía mía de siempre estudiar y averiguar cosas… y me llegó de pronto el recuerdo de una vieja experiencia que un Profe de Física nos hizo ver en la Secundaria.
En un gran
recipiente transparente puso piedras hasta llegar al borde, y preguntó:
“¿Está lleno?”, y
dijimos que sí.
“No sé”, dijo el
Profe, como dudando.
Abrió una bolsita
que tenía cerca, y sacó de allí piedras pequeñas, tipo canto rodado, que
comenzó a meter en el recipiente, moviéndolas suavemente con un palito. Las
piedras nuevas fueron acomodándose entre los intersticios de las más grandes.
“Ahora sí está
lleno, no?”, dijo. Y de nuevo asentimos, aunque un poco más pensantes y dubitativos.
Entonces abrió
una cajita que tenía y nos mostró arena, que comenzó a volcar lento en el gran
recipiente mientras lo balanceaba un poco. Y la arena llenó los pequeños
espacios que habían quedado entre las piedras.
“Ya está”, dijo, mirándonos
con una mirada un tanto pícara que ya le conocíamos. Esta vez no contestamos.
Se dio vuelta,
llenó un vaso con agua de la canilla, y vertió el agua en el recipiente que nos
había parecido lleno, y el agua entró, bajó, mojó y se acomodó sin que el
volumen pareciera aumentar.
“¿Y ahora?”. Bueno,
ahora sí está lleno, dijimos a varias voces.
“¿Seguro?”, dijo sonriendo.
Sacó de un
bolsillo un par de sobrecitos que decían “Colorante”. Los abrió y echó ese
polvito de color dentro del recipiente, cuya agua se tiñó sin que nada se
moviera.
“¿Podrían ahora asegurar ustedes que esto está lleno? ¿o está la posibilidad de que existan elementos más sutiles, finos, solventes, que pudieran acomodarse en los pequeños espacios posibles, por ejemplo, entre las moléculas?”.
De este recuerdo
salté al pensamiento de hoy sobre esta manía mía de siempre andar estudiando y
averiguando.
Claro, si es parecido!
Primero
aprendemos grandes conceptos generales, luego vamos llenando resquicios con
detalles más pequeños.
A medida que
crecemos y de acuerdo a los que nos interesa, vamos agregando datos y
experiencias puntuales que posibilitan acomodaciones y nuevos análisis que
modifican el conjunto.
Y si nos gusta el
saber, como cada vez que aprendemos algo nos damos más cuenta de los intersticios
que van quedando, seguimos buscando lo más sutil, lo que pueda relacionar todos
los elementos que hemos incorporado, lo que unifique y armonice el conjunto.
Y parece que eso
no tiene un fin, al menos no uno que podamos anticipar o saber con certeza.
“Cuanto más sé,
más sé lo que no sé”, dijo alguien.
Cada vez creo más
que siempre puede haber algo más sutil, más fino, más impalpable, que pueda
incorporarse, que modifique el color y el estado del conjunto de nuestro saber.
Y creo que, por limitado que sea el espacio disponible, jamás podremos estar seguros de que hemos completado del todo el recipiente de nuestra capacidad de pensar.
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