Los Mensajes del Cuerpo y el Alberto
Hay un libro ya clásico llamado “La Enfermedad Como Camino” (de Dethlefsen Thorwald) donde se muestra de qué forma nuestro cuerpo nos indica, a través de la enfermedad, lo que estamos haciendo de erróneo para nuestra vida, con el “deber ser” forzando y vulnerando lo que “puedo ser” de acuerdo a nuestras capacidades naturales. Es la misma mirada de Luisa Hay y otres (tomada y difundida sin mucha profundidad por la “New Age”).
Esas miradas son
muy interesantes y coherentes, excepto (desde mi punto de vista) por poner la “solución”
de la enfermedad en manos de algún dios superior o en la repetición de
afirmaciones mágicas, tipo mantra, en lugar de trabajar en un análisis de nuestras
capacidades propias y las secuelas del imperio de un “deber ser” de origen
CULTURAL que no respeta lo biológico de base natural, es decir, las posibilidades
del CUERPO que somos.
Por otra parte,
es evidente que no somos seres iguales, que tenemos diferentes capacidades, que
hay quienes pueden jugar al fútbol como Maradona, hacer música como el Charlie,
bailar como Isadora, cantar como Mercedes, descubrir el ADN o la vacuna para la
Polio… Hay mujeres que tienen partos fáciles, y otras que mueren de parto, hay
quienes pueden ser como el Che, Fidel, Rosa de Luxemburgo o Frida, y quienes
sólo pueden ser obedientes, temeroses o pusilánimes. Con todas las posibilidades
intermedias, claro. Esto NO depende sólo de la educación, sino de las
capacidades corporales de base, que son hereditarias (genéticas). Es decir,
nuestros cuerpos son DIFERENTES, con capacidades diferentes, que luego son “moduladas”
por las educaciones.
¿Qué tiene que
ver esto con el Alberto? (nuestro presidente actual).
Simple. Su
enfermedad, esa úlcera sangrante, le dice, le grita, que está en un lugar para
el cual no está biológica ni culturalmente capacitado, un lugar político vivencial
donde hace falta un temple determinado, una postura vivencial natural, de base
biológica, diferente a la que él tiene. Está en un lugar con exigencias que lo
lastiman internamente.
También podemos
considerar el caso de la enfermedad de Evita.
Hace tiempo que
desde esta mirada sabemos (con datos fácticos comprobables) que los cánceres se
relacionan con enojos reprimidos (autodirigidos) y con sensaciones de
frustración e impotencia, es decir, con factores emocionales (diga lo que diga
Cormillot). Creo que es bastante evidente que Evita no pudo ser madre (posiblemente
por la esterilidad de Perón) y no pudo tampoco ser funcionaria política, aunque
ya hubiera logrado el voto femenino y el pueblo la apoyara, esto por el “deber
ser” socio-cultural hegemónico, ese mismo que la denominaba “puta”. Es
coherente pensar que podía estar enojada y resentida, además de impotente (la
impotencia es sólo el “no poder”).
Aunque no
tengamos datos certeros ni comprobables, también podemos hacer una hipótesis (un
tanto atrevida) sobre los cánceres que padecieron, al mismo tiempo, Chávez,
Lugo y Cristina. Se dijo que habían sido inoculados en una cena compartida en
Buenosaires (hubo hasta una denuncia y la presentación de un video que fue
silenciado). La única que lo superó con una pequeña intervención quirúrgica fue
Cristina. El paraguayo Lugo estuvo bastante mal, fue operado y cambió
visiblemente su participación política. Chávez estaba furioso, se trató químicamente
en Cuba, pero siguió a full con su actividad revolucionaria, no cambió nada en
su militancia y su cáncer fue de colon (lugar físico relacionado con la ira y
el resentimiento) y no linfático (sistema de circulación de defensas y
proteínas, el que tuvo afectado la hija de Cristina).
Es sólo una
mirada posible desde esta perspectiva de los mensajes de la enfermedad, aún de
las inoculadas con agente patógeno no natural.
No digo que esta
hipótesis mía esté demostrada o sea infalible. Digo que es COHERENTE y posible,
y que valdría la pena valorarla desde lo investigativo.
Agrego, además de
la información teórica que he presentado tan brevemente, que cuento con el dato
cierto de la cura de mi propio cáncer (cuello de útero) y remisión total del
prolapso avanzado, con la sola intervención de la Terapia Gestáltica que me
ayudó a romper con los mandatos sociales, cambiarlos desde la base y conocerme
y aceptarme ser como “soy” desde mis posibilitaciones biológicas genéticas
heredadas (hiperactiva, rebelde, hiperpensante, cuestionadora, noctámbula,
rebelde… desde el mismo nacimiento), y el no sentirme nunca bien con el “modelo”
de mujer que intentaron enseñarme (sumisa, obediente, reprimida sexualmente,
buena esposa…) ese modelo que la educación social y católica hegemónica exigían.
Todo esto antes de
tener la posibilidad de cursar y terminar Psicología, a mis 43.
Aclaro que los
únicos problemas físicos que hoy tengo, a mis 69 bien cumplidos, son de origen
GENÉTICO, heredados: una Resistencia Insulínica que me hace engordar (rama paterna)
y un corazón que nació “agrandado”, que hoy tiene dificultades para sostener la
circulación sanguínea que necesita mi peso corporal (rama materna). Es decir,
ninguna de las dos afecciones configura “enfermedad”, son características
físicas genéticas. Estoy integralmente sana (este también es un dato), además
de vieja.
Para pensarlo, no?
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