Vínculos Tóxicos. Indicios tempranos.

En tiempos virtuales, comenzamos a contactarnos por videollamada.

Las primeras conversaciones fueron agradables, amables, largas, entretenidas, cada quien contando un poco de sus cosas, de sus ideas, de sus actividades.

En un guasap me mandó foto de un guisito que estaba cocinando.

Se me ocurrió comentarle que las ollas de aluminio no son recomendables, que se han discontinuado incluso, porque el aluminio es dañino para el cerebro y tiene incidencia en cosas como el deterioro cognitivo, el Alzheimer y la Demencia Senil, que mejor las ollas de hierro (he trabajado mucho en salud, y sé bastante del tema). Me contestó que la olla había sido de su madre y que la amaba. Todo bien, cada quien decide por sí mismo.

A los pocos días, a raíz de que él tenía un gran dolor de cabeza, le ofrecí mostrarle un par de técnicas rápidas y naturales para aliviarlo, pero me dijo que mejor se iba a comprar Ibuprofeno, y como de eso también sé algo, le sugerí que comprara Paracetamol, porque el Ibuprofeno TAMBIÉN tiene secuelas neurológicas (aunque la propaganda lo niegue y los informes hayan desaparecido de Gugle).

Ahí, por el timbre de su voz, me di cuenta de que se había molestado, aunque no lo dijo.

Al otro día hablamos bien, pero noté un par de descalificaciones encubiertas hacia mis conocimientos en salud o mi capacitación profesional, por lo que le expliqué que no acostumbro opinar de lo que no sé, y que el tema salud es uno de mis intereses, que sólo comparto lo que sé porque toda mi educación fue obtenida en la educación pública, por lo que creo que la debo, que no me pertenece.

Quedamos en que me llamaría al día siguiente, domingo, tipo 4 o 5 de la tarde, aunque sospeché que no lo haría.

El domingo, tal como había imaginado, no tuve noticias. Ni a las 4, ni a las 5, ni a las 12 de la noche.

El lunes, ya entrada la tarde, me mandó un mensaje que decía: “Hola, estuve todo el día fuera de casa. Volví re tarde. BESOS mi amorosa.”

Decidí no contestar por el momento.

A la noche, tarde, mandó otro mensaje:” HOLA. Estas ocupada o no querés hablar más conmigo?”

A esa altura yo tenía las cosas claras, así que le contesté lo que sigue:

 

“La cosa es bastante simple.

Cuando alguien hace un acuerdo (una cita, por ejemplo, aún telefónica) y no puede cumplir por lo que sea, y teniendo la posibilidad de avisar no avisa, entonces está faltando al acuerdo y además irrespetando a la otra persona.

Habiendo celulares, guasap, feisbuc y mesenyer, no avisar de una cancelación es indudablemente un “ninguneo”, palabra uruguaya que hemos adoptado y usamos mucho por su claridad. Ninguneo: decirle a otre que es “ningune”, nadie, que NO EXISTE. Así de taxativo, así de simple. Y no voy a entrar a considerar las posibilidades de que configure una posible manipulación controladora.

Si se va a estar todo el día “fuera de casa” y se sabe, corresponde avisar. Si se va a estar en una zona sin señal, corresponde avisar. Si por lo que sea esas dos formas no son accesibles, cuando se llega “re tarde” al domicilio propio, corresponde avisar y pedir disculpas.

Es un tema de respeto y de valoración del tiempo de la otra persona, de sostener y cumplir un acuerdo.

No me gustan los ninguneos. No sólo son despectivos, sino que son tóxicos, ya que no hay responsabilización personal de quien lo ejerce. Es una violencia emocional.

No me gustan las personas que no respetan mis tiempos y mi libertad de usarlos como quiera (una espera es una disponibilidad de mi tiempo en función de un otre, lo que acota mi libertad).

No me gustan las personas que no respetan acuerdos previos y los rompen sin avisar.

Así de simple.

Y no, no tengo ganas de seguir comunicándome con vos.”

 

Contestó con un “Abrazo afectuoso junto a tu corazón” y luego un “Te quiero mucho”.

De disculpas, nada.

No contesté.

El último mensaje de su parte fue muy claro para mí. Decía, textualmente: “En fin... Que pobreza de criterio JAJA”.

Es decir, además del ninguneo del domingo y de que no se hizo cargo para nada, la “pobre de criterio”, la culpable, era yo.

Todos los violentos culpan a la mujer diciendo “mirá lo que me hacés hacer”. Este mensaje es sólo un avisito temprano de esa postura vivencial controladora.

 

Repito lo que le escribí:

 

“-…los ninguneos. No sólo son despectivos, sino que son tóxicos, ya que no hay responsabilización personal de quienes lo ejerce. Es una violencia emocional.

No me gustan las personas que no respetan mis tiempos y mi libertad de usarlos como quiera (una espera es una disponibilidad de mi tiempo en función de un otre, lo que acota mi libertad).”

 

Es MUY importante prestar atención a estas señales tempranas de posturas controladoras, que son la base de la violencia emocional.

No es “amor” ni afecto, es CONTROL.

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