¿Saber o creer? O de cómo destruir el prestigio de alguien…


Cuando me hablan de “la chora” y sus “asociaciones ilícitas”, para invitar al razonamiento a quien lo diga, suelo poner un ejemplo simple.

 

En el pueblo donde vivo, de unos 10.000 habitantes, soy una profesional reconocida y respetada, además escritora con varios libros publicados, con más de un premio, pintora de algunas cosas ya expuestas, además de asidua participante de las radios locales y amiga del Intendente, es decir, tengo una posición que podría calificarse de “VIP”, tengo PRESTIGIO.

Entonces suelo decirle a la persona acusante:

“Imaginate que mañana yo voy a las tres radios y digo que vos te abusaste de una nieta mía (yo ya estoy muy vieja pa provocar esos deseos), y voy a los Tribunales de Cruz del Eje y te denuncio, y le digo a todo el mundo en el pueblo (en el súper, en la farmacia, en la verdulería, en el almacén de mi barrio) que vos sos un abusador ¿Te parece que el pueblo no me creería? ¿cuántes no me creerían? ¿qué creés que haría tu mujer, o tu hermana, o tus amigues, o tu jefe? ¿quiénes dejarían de creerme y te defenderían?

Y luego de dos o tres años, cuando la causa llegara a Juicio, yo declaro que en realidad me equivoqué, que fue un mal entendido, que mi nieta era chica y se confundió… y pido disculpas.

Vas a quedar libre, sin dudas, pero ¿eso va a borrar la CREENCIA del pueblo de que sos un abusador peligroso? ¿va a devolverte tu prestigio y buen nombre? ¿o tu trabajo? Me parece que no…

Eso es lo que hacen con Cristina y con cualquiera que les moleste.

 

Conozco de primera mano TRES casos reales de vidas de varones arruinadas por falsos testimonios.

Uno, un joven médico que estuvo dos años preso porque su ex lo acusó de los golpes que le propinó su actual (y todes les vecines sabían quién era el golpeador, pero no fueron consultades ni por la policía ni por la Jueza interviniente).

Otros dos, profes de Secundaria, acusados de “abuso”, y me consta que fueron acusaciones falsas. Uno era mi paciente, y desistió de la pelea judicial porque la contrincante/denunciante era persona de “poder” local. El otro prefirió irse del pueblo pese a que su inocencia fue comprobada, porque el clima de sospecha popular era demasiado pesado para él y ya no tenía su trabajo, del cual había sido echado bastante antes del juicio (escuela privada).

 

Así funcionan las facñius y la fabricación de “sentido común”. Y más si tenemos jueces entongados y atornillados con el poder real.

No es tan difícil de explicar. Nos ocupemos de hacerlo.

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