Investigación cuentos para niñas y niños
Para quienes les interese el tema de la “deconstrucción” necesaria en la percepción de género, desde los feminismos, les comparto un fragmento (larguísimo), de conclusiones de una investigación muy bien hecha, no muy fácil de leer para quienes no estén acostumbrades (mucho dato bibliográfico y lenguaje técnico, abajo pongo el link).
Posiblemente me gusta porque coincide y verifica lo que yo
observo desde lo que llamo mi pensamiento “intuitivo” (sólo porque no me quiero
tomar el trabajo de sistematizar, jaja, y siempre me pareció muy aburrido hacer
investigaciones, prefiero tomar las ajenas).
Y no olvidemos que el Sistema Hegemónico está muy canchero
en tomar cosas críticas y acomodarlas a su supervivencia (el Che, el rock, la
New Age…).
De: El problema de las narrativas de empoderamiento para
niñas
por Macarena García González*
.
“Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes reúne 100
biografías; cada una va en una página acompañada de una ilustración. Las
ilustraciones corrieron por cuenta de distintas artistas. Entre las reseñadas
está Malala Yousafzai, Irena Sendlerowa, Maria Montessori, Marie Curie, Frida
Kahlo, Virginia Woolf, Isabel Allende, Hillary Clinton, y también, por
escandaloso que parezca, Margaret Thatcher y Aung San Suu Kyi [12]. No se
incluye ninguna mujer trans. Le siguió a este libro un segundo tomo con otras
100 biografías que incluyeron a mujeres algo menos conocidas y que también fue
financiado a través de esa plataforma de recaudación de fondos.
La producción y circulación de este libro dice mucho sobre
un discurso supuestamente progresista en relación a la educación por una
equidad de género. El hecho de que se financie a través de crowdfunding nos
parece estar diciendo que ninguna editorial se arriesgaría a financiar un libro
con biografías de mujeres. Las autoras llaman a quienes les apoyan “rebeldes”
(les llaman así tanto en la iniciativa para levantar recursos como en el texto
mismo del libro). Tanto el primer como el segundo tomo son presentados como
fruto de una épica colectiva en la que la unión de fuerzas hace posible ver
historias que de otra forma serían silenciadas. En la mayoría de las reseñas,
tanto aquellas escritas como las videograbadas, se resalta cómo este libro es
una alternativa a los relatos de princesas; en casos, se menciona directamente
como una alternativa al universo de princesas Disney, pero tendería a pensar
que no está muy lejos de las apropiaciones del feminismo de Disney, ese ideal
de mujer empoderada y exitosa que Cassandra Stover describe como el
problemático posfeminismo de Disney [13].
A los múltiples proyectos editoriales inspirados en el
proyecto de Favilli y Cavallo se sumó Cuentos para niños que se atreven a ser
diferentes [14]. El título y diseño de portada de este libro se asemeja en todo
al original. Son 100 biografías, cada una de una página, contrapuestas a una
ilustración a todo color del personaje. No hay referencia alguna al libro para
niñas rebeldes como modelo, pero se le presenta como una “colección inspiradora
de 100 historias de hombres famosos y no tan famosos que hicieron del mundo un
lugar mejor a través de la compasión, la generosidad y la confianza en sí
mismos”. La lista de nombres incluye personajes que una no consideraría
compasivos o generosos como Salvador Dalí, Jorge VI, o Arthur Rimbaud. Al final
del texto de contraportada un asterisco incluye la siguiente advertencia: “*sin
héroes de acción ni princesas que salvar”. El ‘atreverse’ y ‘diferentes’ son
así significantes de una nueva masculinidad que se atreve a un mundo
alternativo al de héroes de acción y princesas pasivas. Para educar a estos
hombres del mañana habría que enfatizar un “atrevimiento” que no es ya materia
de heroísmo, sino que está orientado hacia la diferencia, hacia salirse del
camino marcado. El atrevimiento es para ellos y la rebeldía para ellas quizá
porque la norma pesa de forma distinta a uno y otro lado del binario.
Un análisis de las similitudes y diferencias entre dos
libros ayuda a cartografiar los alcances y límites de una bienintencionada
educación sensible a la inequidad de género. Ya es problemático que haya que
distinguir los relatos para niñas de aquellos para niños y que esto se enmarque
dentro del discurso sobre empoderamiento para las nuevas generaciones. Llama la
atención también que ambos libros están organizados bajo esa lógica humanista
en la que uno dirigiría su vida y tendría la capacidad para estar por sobre las
circunstancias que le toquen. Más aún, el objetivo de una vida parece ser su
orientación a logros que puedan ser narrados. Los logros de mujeres están aquí
más asociados a nociones de reconocimiento: en la contraportada, se presenta el
libro como una colección de “aventuras de vida” de “mujeres extraordinarias”
para inspirar a niñas “a soñar en grande y alcanzar sus sueños”. Cada mujer reseñada es presentada en el índice
junto a su ocupación: el rango va desde reinas (y faraona) a aviadoras,
escritoras, matemáticas, políticas, activistas y artistas varias.
Una mirada a las similitudes y diferencias tendría entonces
que recorrer los bordes de lo social en estos textos. Por ejemplo, en el libro
para niñas aparecen algunos ejemplos de biografías colectivas —las hermanas
Brontë, las hermanas Mirabal, las hermanas Williams y las “cholitas
escaladoras” en Bolivia— y en el para niños hay solo un caso, un grupo de niños
de la Academia Isca en Inglaterra que desafían la norma vistiendo falda para ir
a la escuela. El libro para niñas es colectivo en su factura misma: son dos
autoras las que gestaron el proyecto, fueron miles quienes lo financiaron y
sesenta las artistas invitadas a hacer las ilustraciones. La versión para
niños, en tanto, es catalogada como de autoría de Ben Brooks con una escueta
referencia a las ilustraciones de Quinton Winter. Ahora bien, pese a lo
colectivo de su diseño, de su condición de producción, y pese a esas pocas
entradas con referencias a vidas que se cuentan juntas, las biografías del
libro para niñas esquivan referencias a lo social, lo colectivo y lo solidario
en las vidas narradas. De una forma bastante estandarizada —comienzan, casi
todas, con el “había una vez”— narran historias de vida de mujeres que se han
tenido que enfrentar al mundo solas y que han echado mano a una determinación
interior implacable para conseguir hacer lo que deseaban. No hay guías, ni
compañeras. Las historias de vida, narradas con algunos tropos de cuentos de
hadas, producen un modelo en el que para poder cumplir tu sueño has de desoír
todo consejo y toda limitación. Se presenta esa rebeldía individual como el
modelo a seguir salvo en contadísimas excepciones —como la de las cholitas
escaladoras en las que algo se fragua desde un sentido de comunidad. En el
libro para niños, en cambio, el repertorio de acciones, actitudes y
orientaciones es más amplio y los logros no se organizan sólo en relación a
nociones de éxito, sino también incluyen referencias a formas alternativas de
hacer una vida. Allí el autor parece esquivar la política cultural del final
feliz. Se nos cuenta del triste fin de Galileo Galilei, con arresto
domiciliario, así como del horrible final del niño paquistaní Iqbal Masih, que
fue asesinado por oponerse a los dueños de las fábricas de alfombras que lo
explotaban. El relato sobre la vida del actor británico David Radcliffe [15]
—uno de varios hombres vivos reseñados— acaba con una cita en la que éste dice que
algunas personas piensan que es gay y que eso le parece maravilloso. El libro
para niños parece así abrir otros repertorios de posibilidades: no se trata
aquí de soñar ‘en grande’ sino de atreverse a ser distinto.
El análisis de las similitudes y diferencias entre estos dos
libros ayuda a bosquejar un cierto consenso ‘progresista’ sobre qué es la
educación sensible a la inequidad de género. Las niñas tendrían que aprender a
empoderarse, mientras que los niños tendrían que aprender a valorar la
diferencia. Así, el repertorio progresista sobre educación en género parece
ampliar los posibles repertorios para algunos, al tiempo que vuelve con
imperativos sobre otras. El libro “para niños” puede leerse así como una
posible alternativa a lo que la teórica australiana Raewyn Connell[16] llama
“masculinidad hegemónica”, esa dinámica cultural que otorga un lugar de poder y
liderazgo a lo masculino y los hombres. El libro para “niñas rebeldes”, en
tanto, pareciese estar orientado a elaborar una narrativa en la que las mujeres
accederían a los espacios de poder considerados masculinos, pero no invita a
cuestionar la producción de la diferencia, ni el orden del poder o cuál es el
significado de una vida digna de ser narrada. Este feminismo, enfocado en la
legitimación de la capacidad de las mujeres, es el que Angela McRobbie y otras
autoras han descrito como un posfeminismo o un “girl-power feminism” que
produce cómplices alineadas con los valores consumistas e individualistas [17].
El término posfeminismo se usa para mostrar cómo la corriente principal usaría
el término feminismo como título de best-sellers, o como un significante
apetecido por las celebridades [18]. Como indica Gill, ese posfeminismo no es
exclusivo de mujeres blancas acomodadas, si bien se orienta hacia nociones de
poder tradicionales y privilegia a ese grupo. El posfeminismo es un término que
describe un momento histórico en el que el feminismo es apropiado por lógicas
de mercado y capitalismo, un momento histórico que suele localizarse alrededor
del cambio de siglo, pero que, sin embargo, sirve todavía para explicar los
usos del feminismo en los productos culturales para la infancia.
Las biografías para niñas también podrían leerse como
intentos de transformar esa vida biografiable en un “objeto feliz” como llama
Sara Ahmed [19] a aquellas cosas que mueven nuestras acciones por la promesa de
una felicidad futura opacando no solo nuestras posibles críticas, sino también
las renuncias que estas conllevan. ¿A qué costo se vivió cada una de esas vidas
que celebramos? ¿Cuál es la dolorosa genealogía del acceso de las mujeres a
espacios de poder? También podríamos leer estas historias desde lo que hoy
entendemos como un feminismo liberal en el que esta rebeldía no tendría nada de
antisistémico, sino que sería más bien una confirmación de que se aspira a
mayor cupo en las posiciones de poder de las mujeres. La frase de la tenista
afroamericana Serena Williams en el libro para niñas rebeldes nos da un buen
alcance de ese repertorio ético: “Soy fascinante. Sonrío mucho. Gano mucho. Y,
además, soy muy sexy” [20].”
Artículo completo en
https://linternasybosques.com/2022/03/08/el-problema-de-las-narrativas-de-empoderamiento-para-ninas-por-macarena-garcia-gonzalez/
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