¿Agresión o disenso? ¿Estamos “cancelando” el pensamiento crítico?
Varias veces, cada vez con mayor frecuencia, me acusaron en féisbuc de ser “agresiva” o “amarga” ante comentarios míos, siempre seriamente argumentados y respetuosos, que señalan errores de concepto, falacias, o contenidos encubiertos nada inocentes de algunas publicaciones o “chistes”. Y cuando pido que me marquen o citen textual la supuesta agresión, nunca obtengo respuesta.
Lo de “amarga” no lo cuestiono, es un adjetivo muy personal
(posiblemente proyectivo), y no acostumbro a hacerme cargo de lo que alguien piense
de mí. Pero me pregunto ¿cuándo comenzamos a confundir AGRESIÓN con diferencia de
opinión, disenso o señalamiento?
Voy a apuntar aquí varias definiciones de “agresión”,
recordando que una definición es un consenso sobre la significación de las
palabras que usamos, lo que siempre es revisable porque el idioma va variando
de acuerdo a las épocas. Por ejemplo, “discriminar” significaba “diferenciar”
(en matemáticas, es muy importante discriminar las variables de un problema), y
hoy el uso oficial y popular dado es el de “segregar”, que no es lo mismo.
Ese consenso significativo es necesario para saber de qué
hablamos cuando hablamos.
Lo primero que encontramos en la Wiki es:
1. Acción
violenta que realiza una persona con la intención de causar un daño a otra.
2. Acción
que es contraria a los derechos de una persona.
De aquí, destaco dos conceptos: intención de DAÑO y atentado
contra DERECHOS.
La RAE dice: “Se designa con el término de agresión a aquel
acto o ataque violento que tiene la firme intención de causar daño a quien va
dirigido”.
Otra acepción agrega: “Es una conducta hostil o destructiva
cuya finalidad es provocar un daño a otro”.
Y desde la etimología, tenemos que viene del vocablo latino “aggressĭo”,
que llegó al castellano como agresión. “La noción hace referencia a un ataque
que se desarrolla contra alguien o algo, el cual puede ser físico o simbólico”.
Es decir, hay consenso en que una agresión va dirigida a
hacer un daño a través de un ataque.
Y vuelvo a mis preguntas:
¿Cuándo comenzamos a confundir agresión (ataque y daño) con
diferencia de opinión, disenso o señalamiento?
¿Qué pasa con nuestra capacidad y derecho a tener debates o intercambios
críticos?
¿Qué pasa con nuestro pensamiento crítico, específicamente?
¿Desde cuándo no tenemos derecho a discutir nuestras ideas y
diferencias de opinión, especialmente cuando fundamentamos esas diferencias con
argumentos y datos?
¿Qué nos está pasando, que no solamente permitimos que se le
llame “agresión” al debate (y que muches lo interpreten así de veras), sino que
ni siquiera señalamos la confusión como un peligro y ataque verdadero a nuestra
libertad de pensamiento, a nuestra construcción del pensamiento racional
crítico?
¿Vamos a permitir que nos sigan robando las palabras, los
intercambios de opiniones fundadas, los señalamientos ideológicos y
conceptuales? ¿vamos a permitir que continúe el avance de la “neolengua” y la censura
orwellianas?
¿Vamos a seguir permitiendo la cancelación (esa palabrita
que se ha puesto tan de moda) del pensamiento crítico?
Prefiero que me sigan considerando amarga y agreta. Yo NO renunciaré a mi derecho al disenso fundamentado.
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