¿Cuerpa y grupa?
Un espejo del patriarcado
Si alguna vez escuchara a un varón o grupo de varones decir,
o pedir que se diga, “cabezo” en lugar de “cabeza”, en nombre de una supuesta
reivindicación inclusiva, primero me asombraría, luego me daría un ataque de
risa, porque pensaría en las dificultades de pensamiento lógico de esos
muchachos y de una dificultad para poder advertir categorías analíticas o
sentidos válidos en la reivindicación.
La modificación idiomática para la inclusión tuvo como base
y sentido la manifestación explícita de un sexo que ha sido invisibilizado y
subsumido históricamente, el femenino. Luego, como ampliación sanamente evolutiva
del mismo proceso, creció hacia la inclusión de todas las identidades de género
que haya o pueda haber. Las hembras de la especie, por una cuestión evolutiva, tendemos
ser, en general, inclusivas además de cuidadoras.
Quienes tenemos capacidad consciente para la
percepción de un género somos LAS PERSONAS, los SERES HUMANOS integrales, y no nuestras
partes corporales biológicas por separado, o las instituciones que hemos creado.
Y como de verdad creo que hay que usar una “misma vara” para
ser equitatives, las mismas reacciones me son aplicables cuando algunas mujeres
pretenden que se diga “cuerpa” en lugar de “cuerpo”, o “grupa” en lugar de “grupo”,
lo cual evidencia esa dificultad para establecer categorías de análisis lógico adecuadas,
y también una tendencia no consciente a establecer nuevas discriminaciones
sectarias, lo que es muy propio del sistema patriarcal machista en el cual hemos
crecido. Y esto se ve más claro en que no considerarían el supuesto derecho que
podrían reclamar los “cuerpis” de las personas no binarias.
Tampoco advierten detalles interesantes, como que la grupa
es el anca del animal equino, el lugar donde históricamente se ha cargado a las
mujeres robadas o prisioneras o que no podían conducir un caballo por ser “débiles”
o “ineptas” (salvo que pertenecieran a la nobleza). Y es el lugar donde se
castiga al animal con la fusta o el rebenque para que obedezca y tome la
velocidad deseada por el jinete, y bajo la cual se le clavan las espuelas. ¡Lindo
símbolo para una agrupación de mujeres! Agrupación que, por otra parte, puede
ser llamada “Orga”, palabra igual de breve y muy actual, que proviene de “organización”
(“la” organización), lo que evitaría el supuesto problema al usar una palabra
gramaticalmente femenina.
Soy mujer, y he tenido la suerte de tener una buena educación
formal y académica.
No estoy dispuesta a que se siga creyendo que el mundo de la
lógica, el pensamiento y la crítica racional serían los lugares “naturales” de
los varones. No sólo no lo creo, sino que la evidencia demuestra no sólo que
las mujeres y otras identidades tenemos las mismas posibilidades en este campo,
sino que aplicamos una mirada bastante más abierta, flexible y original ante lo
tradicional, lo que ha permitido y permite avances muy interesantes en los
campos investigativos y sociales de todo tipo.
Tampoco me parece bueno que nos permitamos irracionalidades
que rozan el fanatismo (que siempre ciega) por reivindicativas que parezcan a primera
vista, ni el exponernos por voluntad propia a que nos descalifiquen (y a
nuestras luchas) por exageraciones de este tipo.
Creo que hay que “nivelar para arriba” y no repetir modos
sectarios clásicos aprendidos del patriarcado machista y propios del mismo.
Pretender que se diga “cuerpa”, desde mi punto de vista, es una repetición espejada de ese sectarismo patriarcal, lo que no es tan difícil de advertir si consideramos de nuevo el párrafo con el que comencé: un posible varón pidiendo que digamos “cabezo” en una supuesta reivindicación de su identidad sexual o genérica, lo cual es absurdo.
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