AMNESTY y el Imperio

Hace ya tiempo que vengo observando y pensando sobre las acciones de Amnesty Internacional (“Ni un tantico confiar en el Imperio”, dijo un tal Ernesto).

Las acciones de Amnesty dejan claramente al descubierto no sólo sus intenciones políticas sino para quién trabaja (“Por sus obras les conoceréis”, decía mi abuelita)

Para elles, pedirle que esperen a quienes se fueron a vacacionar sabiendo de la Pandemia y habiendo firmado un acuerdo que prevenía sobre las posibles acciones gubernamentales en caso de un nuevo brote, y ahora gritan por una rápida repatriación, sería una “vulneración de los Derechos Humanos”.

¿Y qué pasa con los Derechos Humanos de la población en general de ser protegida, por un gobierno consciente del peligro de contagio, de la entrada de cepas más jodidas (como la Delta y la Épsilon)? O sea, el derecho a ser protegida, como sociedad, del peligro de enfermar y morir y de la actitud de quienes acordaron (firmando) que se harían cargo de su salida voluntaria y ahora gritan pidiendo privilegios nada legítimos, basados en su poder económico y en el hábito de zafar siempre con impunidad.

¿Qué pasa, Amnesty, con los Derechos Humanos de las personas más conscientes, más cumplidoras, o simplemente más humildes y vulnerables?

 

Yo no soy nadie, no tengo poder. Apenas tengo mi voz escrita.

Como bien canta nuestro Fandermole, “tan débil soy que cantar es mi mano alzada y fuerte”. Y yo ni siquiera canto, ni soy conocida.

Y desde esta pequeñez TE REPUDIO, Amnesty, te denuncio. Porque si existís, debería ser para defender a quienes de veras son vulnerades. Y deberías defenderles por razones humanitarias, y NO hacerle el juego al poder político del Imperio del Norte.

Yo te repudio.

 (Total, me van a dar la misma bola que al Papa y sus reclamos… pero por lo menos me saco la bronca y soy honesta).

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